Peters (1999) revisa las distintas corrientes del neoinstitucionalismo y coincide en que las instituciones son estructuras y reglas, ya sean formales o informales, relativamente estables que condicionan y limitan el comportamiento de los actores políticos, más allá de sus preferencias individuales.
Existen al menos tres corrientes del institucionalismo: El Histórico (la historia determina el presente), el de Elección Racional (instituciones como reglas que estructuran incentivos) y el Sociológico (instituciones como marcos cognitivos y culturales)
Parsons (1951) concibe las instituciones como complejos de roles y normas integrados que cumplen funciones necesarias para el mantenimiento y la estabilidad del sistema social en su conjunto.